lunes, 19 de noviembre de 2012

No te pude esperar

Una vez un hombre muy afortunado había conseguido la mejor entrevista de su vida: Iba a entrevistar ni más ni menos que a Dios...

Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus mejores ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su hogar. Manejó por la avenida principal rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó un chubasco que produjo un embotellamiento de tránsito y quedó parado. El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la cita era a las 8:00 pm.
Repentinamente le tocaron el cristal de la ventanilla y al voltear vio un chiquillo de unos nueve años ofreciéndole su cajetilla llena de chicles. El hombre sacó algún dinero de su bolsillo y cuando lo iba a entregar al niño ya no lo encontró. Miro hacia el suelo y ahí estaba, en medio de un ataque de epilepsia.

El hombre abrió la portezuela e introdujo al niño como pudo al automóvil. Inmediatamente buscó cómo salir del embotellamiento y se dirigió al hospital más cercano. Ahí entrego al niño, y después de pedir que lo atendiesen de la mejor forma posible, salió corriendo para tratar de llegar a su cita con Dios.
Sin embargo, el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no estaba. El hombre se ofendió y le reclamó al cielo:
-"Dios mío, pero tú te diste cuenta, no llegué a tiempo por el niño, no pudiste esperar. ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como Tú?"

Desconsolado se quedó sentado en su automóvil; de pronto escuchó en su interior una voz:
-"HIJO MÍO, NO TE PUDE ESPERAR Y SALÍ A TU ENCUENTRO".

Mantengamos abiertos los ojos y el corazón. Dios puede estar dónde menos lo imaginamos.

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